2 febrero, 2026

Por Marisol Rodríguez / Fotos: José Zamora

Entre lápices, planos y largas jornadas, mientras jugaba debajo del restirador de su padre, Sergio Márquez descubrió que la arquitectura sería su destino.

“Él trabajaba constantemente, viendo su ejemplo me enamoré de todo eso”, recuerda. Hoy, años después, se ha convertido en uno de los arquitectos más destacados en la transformación urbana de la frontera.

Para el fundador de Sergio Márquez Arquitectos, ejercer esta profesión más allá del diseño, es una forma de dignificar espacios, historias y vidas.

“He visto con mucha alegría cómo al momento de hacer una transformación de un espacio, lo que llamamos rearquitectura, genera un efecto en cadena”, expresa. Esta visión la ha comprobado en proyectos grandes y pequeños: cuando un hogar se renueva, el vecino también quiere mejorar el suyo; cuando un edificio se rehabilita, la calle entera comienza a cambiar.

Proyectos con historia

Uno de los proyectos que ha marcado su carrera fue Departamentos 185, en la colonia Margaritas, para la empresa Befued.

Con un estilo inspirado en Brooklyn y Queens, el arquitecto dejó expuestas las cicatrices del tiempo como muros de ladrillo, texturas e imperfecciones, convirtiéndolas en un lenguaje estético. El resultado fue una intervención vibrante que revitalizó la zona, la puerta del centro histórico de la ciudad.

A la fecha, su firma ha intervenido más de 300 viviendas y continúa creciendo con desarrollos urbanos en diferentes puntos de la frontera y campestres en Samalayuca como Country Ranch y Desert Ranch.

Foto: José Zamora

“Mi estilo es no tener estilo”

Para Márquez, cada proyecto es un traje a la medida que se construye al escuchar al cliente, entender sus necesidades, conocer sus aspiraciones y sueños que, en conjunto con su presupuesto, se traducen en espacios funcionales, estéticos y con identidad.

“Escuchar es parte fundamental de la firma, nuestro estilo arquitectónico es no tener estilo, ningún proyecto se parece a otro, son completamente disruptivos”, señala.

Esa intuición se complementa con un entendimiento profundo del mercado y la inversión, algo fundamental cuando trabaja con desarrolladores y corporativos.

“Conocemos su lenguaje, se hace una intervención y propuesta arquitectónica que tienen un alto nivel de astucia, empatía y sensibilidad. El mejor negocio es cuando le va mejor a todo mundo, tenemos las mismas prioridades y sumamos la experiencia y la estrategia para desarrollar los proyectos”, agrega.

Enamorado de Ciudad Juárez

Para Márquez, el futuro de la región es prometedor. Su profundo amor por Ciudad Juárez lo describe como un síndrome al que llama ‘Juaritis’.

“Estoy enamorado de mi ciudad, he tenido la posibilidad de desarrollar proyectos en el interior del país y en Estados Unidos, pero no puedo dejar de volver a mi ciudad, a mi gente”, comenta.

A la ciudad la ve como un lienzo en blanco, donde ya hay muchos colegas talentosos haciendo cosas maravillosas y él se suma a ese esfuerzo de juarenses comprometidos con su ciudad.

“Veo una ciudad grande, brillante, hermosa, vertical donde tiene que ser vertical, horizontal donde tiene que ser horizontal”, agrega.

Sobre su legado, afirma que le gustaría ser recordado como alguien que amó profundamente su profesión y que siempre estuvo al servicio de sus clientes y colaboradores. A los jóvenes que desean seguir sus pasos les recomienda que se enamoren de la carrera y sean personas muy sensibles al arte: pintura, fotografía, moda, música.

“Las manifestaciones artísticas van a nutrir ese pensamiento lateral creativo que necesitamos los arquitectos para ver oportunidades donde nadie las ve, donde todos ven un terreno vacío nosotros ya imaginamos toda una infraestructura”, comenta.

Por último, comparte que trabaja en proyectos de gran escala, entre ellos, un complejo de torres de departamentos y otro más para el turismo de la ciudad. Retos que lo acercan más a su propósito de vida: ser el mejor arquitecto que pueda llegar a ser.

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