16 septiembre, 2019

Podemos disfrutar nuestras posesiones de la misma manera en que disfrutamos un bello atardecer, sabemos que no nos pertenece, que solo dura unos minutos y luego desaparece, pero no nos aferramos a él

Por: Rosy Chumacero / Columna “El Rincón del Alma”

La mayoría de nosotros tendemos a acumular objetos que pensamos  le darán más calidad a nuestras vidas, que nos darán felicidad, incluso que nos darán cierto valor o estatus ante los demás, y hay personas que llegan a extremos por lograr el reconocimiento de una sociedad que al final de cuentas ni siquiera entiende el verdadero valor de un ser humano. 

Las personas cuya posición económica les permite rodearse de objetos bellos y costosos son consideradas privilegiadas y superiores de acuerdo a los valores actuales. Pero la realidad es que los consultorios de los psicólogos están llenos de gente adinerada recostada en esos divanes porque ni sus posesiones ni su estatus, ni las drogas que consumen logran llenar el vacío que sienten. Y tal vez sea esa creencia de que ellos sí son felices la que hace que vivamos siempre en busca de más posesiones, más objetos que nos hagan sentir mejor con nosotros mismos. 
Sin embargo vivir en una búsqueda constante por obtener más, nos causa un estado de estrés  que no solo no nos permite disfrutar lo que ya tenemos sino que además nos causa un sinfín de enfermedades de todo tipo. Ya logré lo que quería pero ahora quiero tener más. Ya logré tener más pero ahora quiero algo mejor o diferente. Y la carrera no tiene fin, porque siempre estamos comparando lo que tienen los demás con lo que tenemos nosotros, y nunca es suficiente.

Qué diferente sería si nos permitiéramos disfrutar nuestros logros antes de lanzarnos detrás de un nuevo objetivo, seguramente hasta ahorraríamos una buena cantidad de dinero. Cuando vivimos hacia afuera, sin un conocimiento de nuestro verdadero ser, necesitamos “encajar” en nuestro entorno haciendo lo mismo que hacen los demás, aunque internamente, intuitivamente, sepamos que en realidad ningún objeto material logrará agregar valor a nuestra vida. Podemos ir de compras cada fin de semana y comprarnos algo lindo y sentir felicidad por el momento, pero a la semana siguiente necesitamos ir de compras de nuevo porque el vacío y la insatisfacción se vuelven a apoderar de nosotros. Es como querer llenar un espacio redondo con un objeto cuadrado, no resulta. Es real que el dinero facilita la vida, no es lo mismo cargar las tristezas montado en una bicicleta, que cargarlas sentado en un Bentley último modelo. Pero podemos rodearnos de objetos materiales que nuestro presupuesto nos permita sin endeudarnos,  apreciar y disfrutar su belleza sin invertir nuestro Ser en ellos, de tal manera que si algún día llegamos a perderlos, nuestra identidad y nuestro valor como personas no disminuya por la pérdida. 
Podemos disfrutar nuestras posesiones de la misma manera en que disfrutamos un bello atardecer, sabemos que no nos pertenece, que solo dura unos minutos y luego desaparece, pero no nos aferramos a él. De la misma manera, perder la riqueza material o carecer de ella no resta valor al ser humano, lo que nos causa sufrimiento es lo que nos dice nuestra mente al respecto.  Por otra parte, lo que piensen los demás solo afecta nuestro ego, y el ego no es más que un montón de ideas falsas que tenemos acerca de nosotros mismos, nada más. En realidad pobreza y riqueza son conceptos,  y como tales, no tienen mayor significado que el que cada quien les da de acuerdo a su nivel de consciencia,  no se trata de cuántos objetos materiales poseemos sino de la relación interna que tenemos con ellos.

Om Shanti

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