Por MPC Dianet Núñez / Psicoterapeuta adolescentes y adultos
En la fantástica etapa de la adolescencia donde es todo o nada, el concepto de amistad puede ser constructivo o lo contrario.
Los amigos se convierten en pilares, fuerza y refugio, son parte del descubrimiento de la identidad, donde ejercen muchas veces los valores que en su familia aprendieron o sucede lo opuesto.
La amistad marca el bienestar emocional y la toma de decisiones del adolescente que puede manifestar variaciones constantemente. Pero algo central es la identificación de saber quién será un amigo que construye y suma, no con quien se permite afectaciones a su persona que tienen consecuencias, en ocasiones considerables. Situación que, como padres de familia, es preocupante y puede ser motivo de conflicto con los hijos.
Las amistades que suman, no se miden por cantidades, sino por la calidad y oportunidad de diversión adecuada y de crecimiento.
Un amigo ideal es quien no motiva a hacer algo que incomoda o resta, arriesga o lo hace ir en contra de sus valores, es quien respeta los gustos, festeja los logros y ayuda. Incluso se es cómplice, pero en situaciones que no dañen a nadie.

La cantidad de amigos para muchos jóvenes sí importa, más por los tiempos actuales en los que el número de seguidores, y conocidos se ha vuelto parte de lo que es tendencia y que da valor. Pero esa cantidad no refleja la sinceridad, el apoyo, no asegura protección ni esparcimiento adecuado.
No se requiere rodearse de muchas personas, a veces con dos o tres amistades sinceras son suficientes para divertirse y más.
Elegir las amistades adecuadas y retirarse de quienes hacen daño es también una herramienta emocional que fomenta la integridad personal y el reducir riesgos de vida.
Como padres de familia no es fácil el poder interferir en las amistades y controlar, pero sí estar cercanos sin invadir y saber con quién se relaciona, esto puede ser desde pequeños, pero nunca es tarde para permitirse conocerlos, el abrir la oportunidad de ser los que reciban en casa a los amigos, en comparación a ser los padres quienes solo dan permisos y facilidades para que los hijos estén en otros lugares, es mejor decir:¡hola! y ¡bienvenido!a que te vaya bien hijo y no llegues tarde.
Sobre todo, escuchar a los hijos, evitando juicios, observando estados de ánimo, generar oportunidades de diálogo para brindar confianza y cercanía.
Y muy importante que, como padres de familia, se modelen en casa las relaciones basadas en comunicación, cuidado y respeto, porque los adolescentes lo toman como parte de su vida y aunque en ocasiones no parezca, buscan esos mismos valores en sus amistades.
Es importante darse un espacio y reflexionar:
- Cuando convivo con ciertas amistades, ¿me siento tranquilo o confundido?
- ¿Puedo ser yo mismo, o tengo que aparentar ciertas actitudes y compartir pensamientos que no son mi esencia?
- ¿Respetan mis pensamientos y decisiones?
- ¿No me invitan hacer actividades que me perjudiquen?
- ¿Siento que, con su cercanía, crezco, aprendo, me divierto y proyecto cosas buenas para mi y ellos?
El tener una gran cantidad de amigos no es lo que cuenta; lo que importa es con quién se practica la verdad, hay seguridad, momentos divertidos y se vive con naturalidad.