25 julio, 2026

Por Marisol Rodríguez

México es famoso en todo el mundo por sus costas, pero más allá de los grandes resorts y los destinos masivos, existen rincones mágicos que parecen sacados de una postal. Si buscas desconexión total, paisajes imponentes y experiencias únicas, esta selección de playas soñadas es para ti.

Yelapa, Jalisco

Un auténtico paraíso tropical se esconde en el extremo sur de la Bahía de Banderas, Jalisco. Resguardada por la selva de la Sierra Madre Occidental, esta playa destaca por sus aguas verde esmeralda y oleaje suave, ideal para nadar, hacer kayak o simplemente relajarse en sus camastros. A 15 minutos caminando desde la orilla de la playa está una impresionante cascada y también puedes recorrer sus coloridos y estrechos callejones peatonales. En tu próxima visita no olvides probar sus famosos pays de coco, plátano o chocolate.

San Pancho, Nayarit

Uno de los rincones más hermosos y culturales de la Riviera Nayarit. A minutos de la famosa y concurrida Sayulita, ofrece una atmósfera pacífica, artística y con un fuerte enfoque en el ecoturismo. Es la playa perfecta para quienes buscan relajarse en la arena sin multitudes,  cuenta con el oleaje ideal para los amantes del surf y sus atardeceres son espectaculares. Su calle principal está rodeada de pequeños restaurantes locales, cafeterías, galerías de arte y proyectos comunitarios.

Bahía de San Agustín, Oaxaca

Una joya de aguas cristalinas ubicada al extremo poniente de las Bahías de Huatulco, Oaxaca. Su ambiente es totalmente relajado, con un oleaje suave y un impresionante arrecife de coral blanco a pocos metros de la orilla, perfecto para hacer snorkel. Protegida por un escudo de rocas y peñascos, sus aguas son tranquilas; además, al estar alejada de las grandes masas hoteleras, conserva un estilo rústico. La playa está bordeada de enramadas tradicionales en las que se puede degustan mariscos frescos y pescado al estilo oaxaqueño.

Playa Norte, Isla Mujeres

Una de las playas más famosas de México y el estado de Quintana Roo. Su agua mansa y poco profunda simula una piscina gigante color turquesa y su arena blanca, de origen coralino, es tan fina que no absorbe el calor, por lo que puedes caminar descalzo sin quemarte. En su icónico muelle de madera puedes capturar el atardecer caribeño y si te gusta el snorkel, el Museo Subacuático de Arte (MUSA) es una visita obligada.

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