29 noviembre, 2020

Por Carlos A. Rodríguez / profecarlos013@gmail.com

Parece que poco a poco, la nueva normalidad, que se traduce como restricciones para salir, entrada a lugares públicos limitados como parques, plazas y centros comerciales, toques de queda, condición en los pasajeros de autos, y claro, la total ausencia de estudiantes en las aulas de todas las escuelas públicas y privadas; ha provocado estragos en la salud mental de los estudiantes. Toda esta situación que lleva varios meses, tiene a muchos niños y jóvenes en un estado de ansiedad, y en otros, en depresión.

La gravedad radica en que muchos de esos alumnos, ya sea, niños que cursan primaria, o jóvenes universitarios, están asistiendo —y no todos— a las clases virtuales sin supervisión de los padres. Y no es por negligencia, sino por necesidad, en algunos casos, de traer comida a la mesa, o por ser madre o padre al mismo tiempo.

Es un tiempo donde los estudiantes sufren tras el monitor. El maestro a veces no se da cuenta realmente de las circunstancias que rodea al alumno, y se da por sentado que todo está bien. 

La ansiedad y la depresión se generan por la preocupación, principalmente de la salud, ya que, constantemente se escucha y se observa en las noticias lo que ocurre sobre la pandemia. Algunas señales que los padres deben tomar en cuenta son:

  • Cambio en los patrones de sueño y alimentación
  • Dificultad para concentrase o dormir
  • Mayor consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias
  • Llanto o irritabilidad excesiva en niños pequeños
  • Abandono de actividades que antes disfrutaban
  • Dolores de cabeza o dolor corporal sin motivo
  • Bajo rendimiento escolar o ausentismo
  • Preocupación o tristeza excesiva
  • Irritabilidad en adolescentes

Como padres o madres de familia, se tiene la responsabilidad de atender a los hijos que puedan presentar algún cambio en su manera de ser habitual. Una de las mejores formas es mantener rutinas familiares siempre que sea posible; comentar sobre la verdadera situación de la pandemia de manera sincera; apoyando de forma constante el aprendizaje en casa, y sobre todo, procurar que tengan tiempo de jugar o distraerse; ayudando a que expresen sus sentimientos como el miedo y la tristeza, en ocasiones el arte es un método infalible; mantener contacto con sus amigos y familiares; y asegurarse de que los estudiantes no pasen todo el día frente a la pantalla, sugiriendo otro tipo de actividades.

Los niños y jóvenes son el futuro, y como padres, madres, maestros; hay una obligación de estar con ellos en estos tiempos tan complicados. Ellos son el futuro de nuestro país y el orgullo de cada familia.

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