2 abril, 2026

Por Marisol Rodríguez

¿Sabías que 1 de cada 100 niños en el mundo tiene un Trastorno del Espectro Autista (TEA)?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las tasas de diagnóstico han aumentado en los últimos años, lo que refleja una mejor detección y mayor concienciación.

El autismo o TEA es un trastorno de origen neurobiológico que afecta el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso, manifestándose en las primeras etapas de la infancia.

Esta condición de vida impacta, en mayor o menor medida, la interacción social, la comunicación, la conducta, el lenguaje y la integración sensorial de las personas.

Aunque no existe una prueba médica única para su diagnóstico, este se basa en la observación del desarrollo y la conducta, como las dificultades para desarrollar habilidades comunicativas y sociales, así como la presencia de comportamientos o movimientos corporales repetitivos.

Por ello, una intervención temprana, con terapias que se adapten a cada persona, ya que el espectro es amplio y diverso, puede mejorar significativamente el desarrollo y la calidad de vida.

Foto: Freepik

Un día para crear conciencia

El psiquiatra austriaco Leo Kanner, conocido como el ‘padre del autismo’, sentó las bases para comprenderlo y tratarlo como un trastorno, alejándolo de la idea errónea que lo vinculaba con la locura. Esto quedó expuesto en su texto ‘Autistic Disturbances of Affective Contact’, publicado en el año 1943.

Desde 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 2 de abril como el Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo, con el objetivo de sensibilizar a la sociedad y promover el diagnóstico y la intervención temprana.

Esta fecha también busca avanzar en la inclusión social, lo que implica actuar con mayor empatía, fomentar el acceso a terapias adecuadas y generar acciones de sensibilización que transformen positivamente el entorno en el que se desarrollan las personas con TEA.

Imagen: Freepik

Desde 1999, el lazo con forma de  rompecabezas se ha utilizado como símbolo del autismo para representar la complejidad del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sus formas y colores reflejan la diversidad de las personas autistas y de sus familias.

El color azul también se asocia comúnmente con el autismo, ya que simboliza tanto la calma como la intensidad. Este tono evoca la marea del mar y se compara con las distintas realidades que viven las personas con TEA y quienes las rodean: días tranquilos y desafíos intensos.

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