Por Marisol Rodríguez / Foto: Internet
Los niños son curiosos por naturaleza y desde que nacen comienzan a demostrar su interés por todo aquello que los rodea. Observar, tocar, oler, probar y hacer preguntas como los famosos ‘porqués’ son parte de la curiosidad, descrita como un comportamiento normal para saber algo mediante la investigación.
Esta significa también su primer paso hacia el aprendizaje, ya que ese impulso por obtener información estimula el crecimiento a nivel personal.
Por ello, es muy importante que los padres de los pequeños ‘investigadores’ cuiden y propicien su curiosidad, asegurándose de que nunca pierdan el interés, la motivación, deseo, inquietud, ocupación y pasión.
Beneficios
Al ser curiosos, los niños aprenden, retienen y asimilan la información de una manera más fácil, además de motivar al cerebro a que procese mejor los conocimientos.
Y es que, activa y moviliza la dopamina, un mensajero químico para alcanzar objetivos y ayudar a recordar información. Asimismo, se beneficia el hipocampo, esencial en la formación y consolidación de la memoria a largo y corto plazo.

La curiosidad también los ayuda a:
• Fortalecer sus relaciones con otros
• Proteger su cerebro
• Crecer
• Contribuir a superar la ansiedad
Hábitos que pueden frenarla, ¡evítalos!
Miedo
Los padres sobreprotectores generan miedo y sentimientos de incompetencia en sus hijos, así que evita frases como “no corras porque te vas a caer”, deja que se interese en explorar cosas nuevas.
Desaprobación
Es normal que tu niño quiera jugar y explorar, por lo que no es recomendable desaprobar lo que hacen a cada rato, ya que solo conseguirás inhibir las conductas que lo motivan a ser curioso.
Ausencia
Si estás a su lado, tu hijo se sentirá seguro y lo ayudarás a que desarrolle aún más su lado curioso, pero cuando no ¿quién lo motivará?