Por Marisol Rodríguez
En una sociedad que exige cada vez más, la maternidad también se ha transformado. Hoy, ser mamá implica mucho más que cuidar y criar: significa equilibrar múltiples roles, expectativas y emociones.
La doctora en educación, maestra en comunicación y psicóloga Betsabé Ruizesparza Flores expresa que “antes era un rol más definido y centrado casi exclusivamente en el cuidado del hogar y los hijos. Hoy, muchas mujeres también trabajan, se desarrollan profesionalmente y buscan tener identidad propia más allá de ser mamás”.
Este cambio ha enriquecido la experiencia, pero también la ha vuelto más compleja y demandante.
“Muchas mujeres ya no solo quieren ser mamás, también quieren ser ellas mismas y en ese intento, a veces se sienten jaladas en mil direcciones”, comenta.

Múltiples expectativas
Actualmente, ser mamá implica sostener múltiples expectativas al mismo tiempo: estar presente emocionalmente, educar, cuidar, trabajar, verse bien y tener paciencia.
“Es como si se esperara que una mujer pudiera con todo, todo el tiempo, lo cual puede ser desgastante. Significa dar mucho de ti sin pausa”, comenta.
De ahí nace la figura de la ‘super mamá’, un ideal construido a partir de las presiones sociales, culturales y personales.
“Surge de una mezcla de amor, exigencia y miedo. La idea de que una ‘buena mamá’ es la que puede con todo sin quejarse se ha romantizado, pero en realidad es una expectativa poco realista”, señala.
Las consecuencias de intentar cumplir con múltiples roles al mismo tiempo se traduce en estrés, ansiedad, culpa constante y sensación de insuficiencia.
Muchas mujeres sienten que nunca es suficiente lo que hacen, que algo les falta y eso también las lleva al agotamiento emocional o incluso, a la depresión.
“Genera una sensación constante de estar en deuda. Aparece la culpa, el agotamiento, la autoexigencia. Y a veces, sin darse cuenta, se van dejando a ellas mismas al último”, expresa.

Aspirar a poder con todo
Otro factor que influye es la multitarea constante que mantiene al cerebro en un estado de alerta permanente.
“Esto puede aumentar la ansiedad, el cansancio mental y la irritabilidad. A largo plazo, también afecta la concentración y la capacidad de disfrutar el momento presente”, menciona la especialista.
A lo anterior se suman las redes sociales, las cuales construyen una imagen de mamá perfecta con momentos bonitos, casas ordenadas e hijos tranquilos, lo que puede hacer que muchas mamás se comparen y sientan que lo están haciendo mal, cuando en realidad están viendo una versión incompleta de la realidad.
Aspirar a ‘poder con todo’ no es realista ni saludable. Por ello, es fundamental aprender a priorizar, pedir ayuda y aceptar que no todo tiene que ser perfecto.

Señales del burnout materno
- Sensación constante de cansancio
- Irritabilidad
- Desconexión con los hijos
- Perder la paciencia con facilidad
- Sentir que todo pesa demasiado
- Dejar de disfrutar cosas que antes amaba
- Impresión de vacío o de estar ‘en automático’

Autocuidado: una necesidad
El primer paso para lidiar con la ‘culpa de no cumplir con todo’ es reconocer que es una emoción común y no significa estar fallando.
“Ayuda mucho cuestionar esas expectativas irreales y recordar que ser una buena mamá no es hacerlo todo perfecto, sino estar lo suficientemente presente y disponible emocionalmente”, señala.
La doctor Ruizesparza Flores agrega que el autocuidado no es un lujo, es una necesidad y puede ser tan simple como tener pequeños espacios propios, descansar cuando se pueda, pedir ayuda, poner límites y no exigirse perfección.
“Una mamá que se cuida emocionalmente puede cuidar mejor, no tienen que ser perfecta para ser suficiente porque no existe una maternidad perfecta; lo que hacen ya es valioso, aunque no siempre se vea así. Pedir ayuda, descansar y equivocarse también es parte de maternar”, finaliza.