20 junio, 2019

Un instrumento de Dios, así se considera Elena Porras, quien ha rescatado de las adicciones a más de mil mujeres gracias a su labor en el centro de rehabilitación Reto a la juventud.

Fundado y dirigido por ella desde hace 46 años, dice: “Es toda mi vida, ha sido algo precioso que no cambio por nada del mundo, el que haya podido abrir mis ojos y mi corazón a ayudar a este tipo de personas”.

Elena se describe como una persona común y corriente, estudió secretariado, se casó muy joven y la vida la premió con una hermosa familia y cinco hijos.

“Así estuve viviendo una vida normal, dedicada a mi casa y mis hijos, ignorando totalmente el problema que había en mi ciudad y en mi gente, el problema de las adicciones”, platica.

Una señal

Reto a la juventud inició en su corazón cuando visitó por primera vez el tribunal para menores a petición de su trabajadora, quien tenía ahí a su hijo de 12 años.

En aquel lugar vio a un grupo de muchachitas recluidas por casos de adicciones y prostitución, una de ellas con apenas 11 años.

“No cabía en mi mente cómo una niña de esa edad, de la edad de mis hijos, podía estar ahí por penas tan graves”, comenta.

Ese día cambió su vida, invitó a algunas amigas y comenzaron a visitar a los menores, pero no era suficiente: más allá de las adicciones se escondían problemas como la desintegración familiar.

Durante nueve años trabajó en los barrios y con las familias e incluso llevó a algunas de las jóvenes a su propia casa; no funcionó, era necesario tener un centro para su rehabilitación.

Así nació Reto a la juventud en Ciudad Juárez, primero ubicado en la colonia 20 de Noviembre y desde hace 18 años en la calle Puerto Cádiz de Tierra Nueva.

Actualmente está certificado a nivel nacional como uno de los pocos internados femeniles de rehabilitación en todo México.

Su misión: restaurar vidas

En el centro las jóvenes tienen una estancia de nueve meses a un año, en los que además de su proceso de rehabilitación aprenden mucho de los principios de Dios, a perdonar y a valorarse.

Los primeros tres meses son de adaptación, los siguientes de enseñanza sobre cualidades de carácter como el perdón, respeto, amor a sus padres, obediencia y sentido de responsabilidad.

En este periodo también participan en talleres de computación, costura, pastelería, cocina, música y practican deportes.

En los últimos tres reciben un entrenamiento para ejercer algún trabajo o para regresar a su hogar y recobrar a su familia.

“Me dicen ‘¿por qué sigues trabajando?’, porque veo que cambian, una transformación radical de cuerpo, alma y espíritu; nuestra misión es restaurar las vidas de las muchachas”, comenta.

Una mujer bendecida

A Elena lo que más le llena es ver recuperadas las vidas de las muchachas y afirma que eso no lo cambia por nada.

“Me considero sumamente bendecida de poder ver que una vida que no tenía esperanza pudo creer que Dios puede cambiarla y, creyendo, él lo ha hecho: nosotros somos nada más instrumentos”, expresa.

A futuro le gustaría ver a Reto a la juventud con una respuesta popular y un funcionamiento en su totalidad en orientación, educación y rehabilitación.

“Mi mayor pasión es que las chicas que están en ese problema sepan que no tienen por qué estar así si Dios a través de Reto les ofrece una esperanza de vida”, finaliza.

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