16 enero, 2021

Por Marisol Rodríguez / Fotos: José Zamora

En el Valle de Juárez, a unos 20 kilómetros de la ciudad, se cultivan a lo largo de más de dos hectáreas el cempasúchil y mano de león, las flores del Día de Muertos.

Un elemento que resulta imprescindible en el altar, esa ofrenda que año con año, cada 2 de noviembre, se edifica en memoria de aquellos que se han adelantado en el camino.

Cempasúchil, ícono de México

Originaria de nuestro país, su nombre proviene del náhuatl ‘Cempohualxochitl’ que se traduce como ‘veinte flores’ o ‘varias flores’.

Su brillante color amarillo, según las creencias de los antepasados, simboliza el sol, que en la tradición azteca era la forma de guiar el alma; mientras que, para la mexica era un símbolo de vida y muerte.

Alrededor del cempasúchil existe una leyenda de amor entre Xóchitl y Huitzilin, una pareja de jóvenes aztecas, que desde niños se juraron amor eterno, incluso más allá de la vida.

Cada tarde, subían a la cima de la montaña para regalarle flores a Tonatiuh, el dios del sol, pero un día llegó la guerra al pueblo y Huitzilin tuvo que ir a luchar.

Al poco tiempo, ésta recibió la noticia de su fallecimiento y desconsolada le rogó al dios del sol que la uniera para siempre con su amor; en respuesta, éste lanzó un rayo que la convirtió en una flor amarilla, la cual se abrió en veinte pétalos cuando se reposó sobre ella un colibrí, su amado Huitzilin.

Hoy en día, se pueden encontrar en color amarillo o naranja y es costumbre decorar el altar o las tumbas con sus pétalos para guiar a los muertos en su visita al mundo de los vivos.

Mano de león, suave colorido

Denominada también como flor de terciopelo, cresta de gallo o espinaca de Lagos, junto al cempasúchil, es una de las más populares en esta temporada.

Su nombre oficial es Celosia y se cree que es originaria de Asia; en la actualidad se cosecha en diversas partes de México, al norte de Sudamérica y en la África tropical.

Las principales características de esta flor son su tono rojo carmín, pétalos suaves que se asemejan al terciopelo, tallos carnosos, inflorescencias anchas y hojas de un verde brillante.

Debido a su color, el cual contrasta con el del cempasúchil, suele colocarse en los altares, tumbas o cruces, dándoles una imagen colorida y viveza.

La flor de terciopelo es también comestible, incluso, en otras partes del mundo se cosecha por sus propiedades nutritivas y curativas.

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