18 junio, 2019

Por: Sandra Chávez / Fotos: José Zamora/

Desde niño soñaba con ser un artista. Conoce la historia del tenor Eduardo Belmonte

“Al niño que estaba en el campo con su abuelita le diría que va a estar muy orgulloso de su yo grande, que no se preocupe, que va a estar todo bien y va a estar muy orgulloso de lo que va a lograr”, ese es el mensaje que el tenor Eduardo Belmonte manda a su pequeño “yo” de 7 años, quien no se imagina las oportunidades que la música le va a dar y lo lejos que ésta lo va a llevar.

Nacido en el Valle

Eduardo, nació un 30 de enero de 1991 en San Isidro Labrador, Distrito Bravo, lugar donde junto a su abuelita se enamoró de los boleros de Los Panchos, el ritmo de La Sonora Santanera, las letras de Juan Gabriel y la propuesta de Alberto Cortez o Facundo Cabral, artistas que provocaron en él querer aprender sobre el tema.

“Me agarre de todo lo que estuvo a mi alrededor”, dice el tenor de 28 años de edad, quien agrega que “al principio era algo que me gustaba, pero obviamente de niño no pensé que iba a dedicarme a esto, soñaba con ser un artista y estar en escenarios pero lo veía lejano porque en realidad no sentía que mi voz fuera para algo así”.

Así que a los 6 años de edad comenzó a cantar en los coros de algunas iglesias, donde dice comenzaron a surgir las primeras señales de su talento, asegura que “algo pasaba con la música que era especial”, mismas señales que en primaria y secundaria le hacían inscribirse en concursos de canto, lo cual aprovechaba para salirse de clases, para estar en la “vagancia”.

Del sacerdocio a la ópera

Pero el verdadero amor a la música lo conoció durante su estadía en el Seminario Conciliar de Ciudad Juárez, al cual entró a los 14 años para estudiar la preparatoria y donde además realizó estudios de filosofía.

Aquí siguió en contacto con el jazz, el pop, el mariachi, música de protesta, trova y la andina, género que interpretaba en el grupo Los Macehuales, que creó junto a otros seminaristas.

Pero además entró en contacto con la música sacra, lo que lo llevó a descubrir por casualidad el libro de la vida del tenor Luciano Pavarotti, mismo que asegura le cambió la vida.

“Él de cierta manera me impulso a seguir mi sueño”.

Escuela Superior de Bellas Artes

Ocho años después de ingresar al seminario, probó suerte en la Ciudad de México, donde audicionó en la Escuela Superior de Bellas Artes y en la que aprendió formalmente todo lo que debía saber sobre la ópera, sin embargo tres años después tuvo una pequeña crisis que le hizo pensar si iba por el camino correcto, “tenía ansias de lograr cosas”.

Por lo anterior dejó la escuela y fue en busca de nuevas oportunidades, lo cual también hizo un poco motivado por sus maestros quienes le hacían ver el enorme talento que habían en él, “la mayoría de los maestros con los que me encontré me lo decían: tu naciste para esto”.

El destino lo favorece

Cinco años después de vivir en la Ciudad de México, Eduardo audicionó para Mannes School of Music de Nueva York, donde pese a su talento no fue aceptado, situación que no lo desanimó, al contrario, fiel a la manera de hacer las cosas busco otros horizontes.

“Siempre hay algo que se puede hacer… siempre todo sale si le buscas la forma”.

El año pasado fue becado para asistir a un programa de ópera en San Miguel de Allende, al cual asisten los más prestigiosos maestros y tenores del mundo, este evento le dio la oportunidad de ser invitado a recibir clases gratuitas en Nueva York, ciudad donde su novia Clara Luz, también cantante de ópera, le presentó a la actual directora del departamento de canto de Mannes, la maestra Beth Roberts, quien no solo lo escuchó cantar, sino le pidió que volviera a audicionar, lo que le dio, ahora si, un lugar en la prestigiosa escuela.

“Siempre ha sido mi sueño la ciudad de Nueva York, desde que tengo memoria vivir ahí y estudiar ahí era uno de mis sueños más grandes”.

En este mismo lapso también fue buscado por la profesora Joan Dornemann, quien trabajo con el mismo Luciano Pavarotti, ídolo de Eduardo, quien obtuvo un lugar en el programa de verano de Dornemann, esto al quedar maravillada con el talento del joven prodigio del Valle, quien en un futuro busca retribuir con su talento todo el apoyo que su familia, amigos y comunidad le han dado.

  • Actualmente Eduardo se encuentra en la búsqueda de apoyo para poder cubrir por lo menos el primer año de escuela y su estadía en Nueva York, pues la beca que Mannes School of Music le ha ofrecido es del 50 por ciento. En caso de querer ayudarlo puedes comunicarte al teléfono celular 656-436-5250 o contactarlo por Facebook.
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