Por Marisol Rodríguez
Cada 21 de marzo, el mundo conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down, una fecha que invita a reflexionar sobre la inclusión, dignidad y el valor de cada persona.
La doctora en educación, maestra en comunicación y psicóloga Betsabé Ruizesparza Flores comparte una mirada profundamente humana sobre lo que significa acompañar, educar e incluir desde el amor y el respeto.
Mirar a la persona antes que al diagnóstico
Cuando se recibe el diagnóstico de trisomía 21, el impacto emocional puede ser fuerte. “Lo ideal es que los padres reciban primero contención emocional y después los datos médicos”, explica la especialista.
Para muchas familias esta noticia puede significar un shock, un reto o una sorpresa; la experiencia dependerá de si ya conocían el diagnóstico durante el embarazo o si lo supieron al nacer el bebé.
Ruizesparza Flores señala que es importante aprender a ver a la persona antes que al síndrome.
“El síndrome es una pequeña parte de lo que compone a la persona, que es mucho más grande y con más valor que un simple diagnóstico”, agrega.
Infancia, amor y autoestima
Desde la infancia, mamá y papá pueden marcar la diferencia con pequeños gestos diarios que refuercen la seguridad emocional de un niño con Síndrome de Down.
“Decirles mensajes concretos desde el amor y la seguridad, cambiar el ‘no puedes’ o ‘eres muy frágil’ por un ‘confío en ti’, ‘eres valioso tal como eres’, ‘eres capaz’ o ‘tienes tu lugar en el mundo’. Reafirmaciones positivas”, comparte.
Estas palabras no solo fortalecerán su autoestima, sino que también fomentarán su autonomía.

Más autonomía, menos sobreprotección
Cuando un niño con Síndrome de Down sale al mundo exterior puede ser todo un reto, pero es parte de su crecimiento.
Mamá y papá deben evitar la sobreprotección, ya que esta no les permite desenvolverse de manera psicosocial, lo cual es clave para su inserción a la sociedad.
Limitar experiencias por miedo impide que aprendan habilidades para la vida y capacidades cognitivas.
La toma de decisiones propias también es fundamental, “es parte de la dignidad humana, tienen que construir su identidad y su individualidad como personas, aquí la clave es: cuidar sin invadir. Dejar que se equivoquen y aprendan sobre el error, enseñarles a tolerar la frustración, de esta manera ellos aprenden a autorregularse y los padres o cuidadores no los limitan, los acompañan”.

Ejemplo de resiliencia
En este Día Mundial del Síndrome de Down el mensaje es claro: son personas con una enorme capacidad de empatía y cariño, “tienen un corazón lleno de amor, ellos son la muestra de que existe la resiliencia y nos ponen el ejemplo día a día, a través de cada meta alcanzada”.
Sobre la inclusión, señala que esta comienza cuando se deja de ver a alguien como ‘especial’ y simplemente se le reconoce como persona.
La educación de los padres es muy importante y clave para que puedan desarrollarse dentro de un ambiente inclusivo, donde el respeto va de la mano: hablarles por su nombre, escucharles, la convivencia.
“En las familias no solo son los padres criando a su hijo, sino su hijo transformando a sus padres en una mejor versión de sí mismos”, concluye.