Por MPC Dianet Nuñez Ramos / Psicoterapeuta adolescentes y adultos
En este mes de octubre se nos invita a reflexionar sobre la importancia del cuidado de la salud mental, en su conmemoración mundial. En particular, en este espacio hago énfasis en los adolescentes y la importancia de promover en ellos un bienestar psicológico.
Sabemos que en este periodo hay cambios y forma parte esencial de la vida: se comienza a buscar independencia, a tomar sus propios riesgos y decisiones, los amigos se vuelven prioridad y hay emociones muy intensas.
A veces, los adolescentes son distantes a los padres, situación que no sucedía de pequeños, se muestran molestos y comunican poco tanto en casa como en la escuela. Pero acompañarlos no quiere decir que se debe de guiar o forzar a que hagan lo que nosotros los adultos pensamos que sea lo mejor para ellos, sino esencialmente escucharlos y validar lo que sienten.
Hacerles saber que como adultos podemos ser figuras de confianza para ellos, que en su escuela o casa cuentan con una persona que se interesa para estar atentos a lo que suceda, siendo estos espacios una red de apoyo.
Las instituciones educativas no solo se encargan de que los jóvenes se enriquezcan académicamente, también son el lugar donde viven gran parte de su día, comparten con sus iguales, manifiestan sus emociones, viven retos, se relacionan y fortalecen las habilidades para la vida. Por lo cual los maestros, tutores, orientadores o cualquier figura educativa pueden ser de gran importancia para fomentar un equilibrio emocional.
En la observación de que, si existe un cambio repentino de conducta, de responsabilidad académica, incluso el aislamiento puede ser una señal que el joven necesita atención, aunque esto no significa un problema o que se debe de etiquetar, sino al menos saber que cuenta con la escucha y guía especial si lo requiere. No se trata de invadir o pretender que digan todo, puede ser tan simple como: He notado que estás diferente, ¿puedo hacer algo por ti? Esto puede abrir el canal para que llegue a esa contención que requiere.

Foto: Magnific
La escucha como un elemento inicial de apoyo es una forma de cuidar también, no necesariamente es estar de acuerdo con todo lo que dice, sino que permite expresar lo que siente sin minimizarlo.
La colaboración entre familia y escuela no solo debe ser cuando exista un motivo preocupante, también se puede establecer contacto participando en las reuniones escolares, donde los programas preventivos o recreativos se den, conocer su manera de relacionarse con los compañeros y si hay complicaciones académicas u otros aspectos relevantes.
En esencia hay que:
- Escuchar sin juicios
- Fortalecer el sentido de pertenencia entre compañeros de clase e institución.
- Establecer horarios y rutinas saludables.
- Evitar etiquetas.
- Mantener una comunicación adecuada entre la familia y escuela.
- Conocer como padres de familia a dónde y con quién establecer contacto en la escuela, para cuando se requiera.
- Recordar y hacer énfasis en los jóvenes que el pedir ayuda y sentirse escuchados es una cualidad y fortaleza que promueve el autocuidado.
El acompañar a un adolescente, no es tener todas las respuestas, es estar presentes. Como instituciones de redes de apoyo, la familia y escuela pueden recordar con su presencia a los jóvenes que aún en los momentos difíciles no tienen que recorrer el camino solos.