24 abril, 2024

Por Marisol Rodríguez / Fotos: Internet

Caracterizado por su aroma y sabor inigualable, el pan de muerto es uno de los manjares de la temporada. Su origen se remonta a la época prehispánica y a la llegada de los españoles a México, anteriormente llamado Nueva España, en el año 1519. 

En aquel tiempo eran comunes los sacrificios humanos, entre ellos ofrecer el corazón de una princesa en honor a los dioses Izcoxauhqui, Cuetzaltzin o Huehuetéotl, pero este ritual fue rechazado por los conquistadores.

Fue así como inició la elaboración del pan de muerto, a base de harina de trigo en una forma similar a la de un corazón, bañado con azúcar y pintado de rojo; una forma pintoresca de representar a la muerte.

Se dice también que, en Mesoamérica se preparaba un pan de amaranto molido que era mezclado con la sangre de los sacrificios y era ofrecido a los dioses.

Su significado

Cada parte del pan de muerto tiene un significado especial, por ejemplo, su forma circular representa el ciclo de la vida y la muerte. En la parte superior central destaca un pequeño círculo que es el cráneo y las cuatro tiras realzadas en forma de cruz hacen alusión a los huesos.

Además, estas simbolizan los cuatro puntos cardinales consagrados a los dioses: Quetzalcóatl, Tláloc, Tezcatlipoca y Xipe Tútec. La esencia de azahar se dice que evoca el recuerdo de los ya fallecidos.

¡Prepáralo en casa!

Ingredientes

  • 500 gramos de harina de trigo
  • 150 gramos de azúcar
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 cucharada de levadura instantánea
  • 3 huevos
  • 1 cucharadita de esencia de azahar
  • Ralladura de un limón
  • 150 mililitros de leche o agua de cempasúchil
  • 250 gramos de mantequilla
  • 1/3 taza de mantequilla fundida para el acabado
  • 200 gramos de azúcar para espolvorear

Preparación

  1. En un tazón mezclar harina, azúcar, sal y levadura. Vacía sobre una mesa y forma una cavidad al centro.
  2. Agrega los huevos mezclados con la esencia de azahar y la ralladura de limón al centro de la fuente y comienza a amasar.
  3. Conforme se va formando una masa pegajosa, agrega la leche o el agua de cempasúchil (calentarla y al hervor agregar los pétalos de dos botones de la flor) poco a poco mientras se amasa enérgicamente. Necesitarás aproximadamente 20 minutos para lograr una masa elástica de apariencia homogénea.
  4. A continuación se incorpora a la masa la mantequilla a temperatura ambiente cortada en pequeños cubos. Continúa amasando hasta que la masa despegue de la mesa.
  5. Coloca la masa en un tazón y ferméntala colocándola en un lugar cálido y húmedo por espacio de una hora o hasta que doble su tamaño.
  6. Corta la masa en proporciones del tamaño de un puño o el equivalente a 85 gramos para panes de mesa.
  7. Toma una porción y comienza a bolear sujetando con una mano la masa y girando con firmeza a modo de obtener una pieza redondeada. Coloca la pieza sobre una placa para hornear ligeramente enharinada y con la palma de la mano golpéala para aplanarla.
  8. Corta dos porciones pequeñas de masa y ruédalas con la mano y los dedos entreabiertos para formar las canillas y colócalas sobre el pan en forma cruzada.
  9. Para terminar de formar los panes, toma una pequeña porción de masa y dale forma de canica. Esta pieza representa el cráneo y se coloca al centro.
  10. Deja reposar los panes nuevamente en un lugar cálido y húmedo por espacio de 30 minutos para que adquieran su tamaño final.
  11. Precalienta el horno durante 15 minutos y hornea a 200 grados centígrados hasta que los panes adquieran un color dorado.
  12. Al salir del horno, barnízalos con mantequilla fundida y espolvorea con suficiente azúcar.
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