Por Marisol Rodríguez
Jugosa y siempre apetitosa, la hamburguesa es uno de los platillos más populares… y también de los más relacionados con la comida chatarra.
La nutrióloga Fabiola Cárcamo del Centro Médico de Especialidades, señala que esta puede ser saludable siempre y cuando sea casera.
La diferencia entre las hamburguesas preparadas en casa y las comerciales está principalmente en la calidad de la carne.

“Las de franquicia o congeladas pre-hechas tienen como entre el 70 y 80 por ciento de grasa, mientras que una carne casera tiene el 40 por ciento”, expresa.
Es importante recordar que el consumo excesivo de grasas saturadas es uno de los principales factores que afectan la salud cardiovascular.
Una comida completa
Bien armada, una hamburguesa puede convertirse en una comida completa y balanceada, ya que tendrá la proporción adecuada de carbohidratos, proteína y grasas.
Además, al añadir vegetales como la lechuga, el tomate y la cebolla, se incorporan fibra y nutrientes esenciales.
Para preparar una versión más sana, la nutrióloga recomienda elegir un pan más pequeño, por ejemplo, multigrano o de quinoa; carne molida baja en grasa (opta por cortes magros o versiones 90/10) y modera los aderezos.
La especialista comenta que la mostaza es de libre consumo, aunque se debe moderar por su contenido de sodio; en cuanto a la mayonesa light y la cátsup sin azúcar, sugiere usarlas con medida, sin caer en la idea de que son totalmente saludables.

En cuanto a la frecuencia con la que se puede consumir, la recomendación es de manera ocasional, aproximadamente cada 15 días si se trata de una hamburguesa comercial y evitar otros acompañamientos como las papas.
Al final, la hamburguesa no tiene que ser un enemigo en la alimentación. Como muchas otras comidas, su impacto dependerá de las decisiones que se tomen al prepararla. Con ingredientes adecuados y porciones conscientes, puede pasar de ser un gusto culposo a una opción perfectamente saludable.
El 28 de mayo se celebra el Día Internacional de la Hamburguesa. Se cuenta que en esta fecha, en 1900, el inmigrante alemán Louis Lassen sirvió la primera combinación de carne molida entre dos rebanadas de pan a un cliente que buscaba comer algo rápido y rico.