18 octubre, 2019

Que nos caiga el veinte de una vez por todas. No podemos obligar a nadie a que nos quiera. Imposible obligar a nuestros hijos para que nos manifiesten mínimo el 20 por ciento del gran amor que les tenemos.

Me resisto a creer que el amor acaba, pero sabemos que es una realidad cuando se deja de alimentar y se pierden los detalles que un día fueron la razón para amar y hacernos sentir únicos e irrepetibles. Por supuesto que el amor es reciprocidad y cuando una de las partes siente que ya no es así, es cuando termina ese amor que fue prioridad en la vida.

“Imposible obligar a alguien a que te quiera” es la frase que constantemente repito a quienes me comparten el dolor tan grande de enfrentarse a un proceso del adiós.

“Me duele que después de tanto me pague así”

“No puedo creer que deje de amarme, si lo único que he hecho es ayudarle”

Pues sí, mucha ayuda y mucho amor, pero no hay reciprocidad ni ganas de continuar con una relación en la que uno de los dos ya dio todo lo que tenía.

Si ganáramos algo con la lamentación, el mundo sería un verdadero valle de lágrimas, pero hasta el momento lo que a mí me ha dado la lamentación crónica es más motivos para seguir lamentándome y una negatividad extrema y contagiosa.

Hace algunos días, al terminar una de mis conferencias, se me acercó una mujer y me dijo: “Doctor, hace algunos días terminé con mi novio y estoy muy triste; no puedo superar esta ruptura, mi mundo se vino abajo y no encuentro qué hacer para sentirme mejor. No me imagino mi mundo sin él. No tengo humor de nada, prefiero quedarme en mi casa esperando el milagro de que recapacite y me llame”.

Las rupturas sentimentales muchas veces dejan a más de uno sin aliento. La tristeza y el vacío son síntomas de un corazón roto que solo el tiempo y un adecuado manejo a nivel emocional pueden curar.

Angustia, dolor, tristeza, desesperación, rabia y descontento son algunos de los síntomas que se pueden llegar a sentir en una ruptura amorosa. El duelo, según el periodo de tiempo que duró la relación, se podrá manejar dependiendo de cada persona y ante todo aceptando que se acabó y que no hay vuelta atrás.

¿Cómo evitar la depresión y pensamientos negativos tras una ruptura amorosa?

1. Comenta a alguien sobre tus sentimientos. Evita embotellar tus emociones, deja que fluyan.

2. No le implores a él o ella que vuelva. Si él o ella ha decidido alejarse, no intentes que vuelva. Recuerda, imposible obligar a alguien a que te quiera.

3. Evita la autocompasión. Evita frases lastimeras que te hacen sentir peor, como “nadie me quiere”, “no sirvo para nada”, “nunca encontraré a alguien igual”, y otras más que la creatividad de tu mente lastimada inventa para entrar con fuerza al ciclo del dolor.

4. Tira todas las fotografías o elementos que te recuerden los momentos vividos juntos. Si tu melancolía y esperanza de que vuelva te lo impiden, guarda todo en una caja y puedes entregarlo a alguien de tu confianza; cuando el dolor disminuya, podrás desechar todo.

5. Si hay un anillo en la relación, devuélvelo, véndelo, regálalo.

6. Lee artículos y noticias sobre la actualidad. Vas a entender cómo muchas personas están sufriendo en este mundo. Tu angustia parecerá pequeña cuando la compares con la de las víctimas de hambruna, inundaciones o atentados terroristas.

7. Enfoca tu mente en tu trabajo o estudios y hobbies.

8. Involúcrate en los asuntos de familia y cuida a aquellos que te necesitan. Pregúntate quién te necesita o a quién podrías beneficiar con tu presencia.

9. Forma parte de una obra de caridad u organización para ayudar a los demás. Impresionante cómo el servicio a los demás ayuda a mitigar el dolor.

10. Dentro de la gran variedad de emociones que tienes, evita el odio al recordar a la persona en cuestión. Procura agradecer los buenos momentos vividos y dar vuelta a la hoja a los malos. Eso dependerá siempre de ti.

Espero que estas breves recomendaciones reconforten a alguien que vive este doloroso proceso.

Te recuerdo una vez más: todo, absolutamente todo pasa, y para quienes no perdemos la fe, lo bueno siempre está por venir.


¡Ánimo!

¡Hasta la próxima!

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